Los días son caras de distintas monedas. Supongo que son más de 10 ó 100 factores para que un día pueda considerarse bueno o malo, desde el mundo del ego. Y aunque en el mundo espiritual es neutro, pleno, lleno de paz, todo el santo día nos olvidamos de él. Me pasa seguido. Quiero estar tranquila, vivir la vida que mejor puedo vivir, con la versión más amorosa de mí reluciente, así buena vibra, de sonrisa y toda la cosa pero no siempre lo puedo lograr. Después me frustro. Así que, es probable que de ahí los "mounstruos de mi interior" se alimentan de todo el caos que vive en mi mente cuando no me siento productiva o suficiente. Tema del que muchos en este plano, somos expertísimos.
Desde que nace el día empiezan las calificaciones, que sí dormí bien o no, que sí soñé algo que me ha perturbado o no, que sí mis familiares están ya en sus respectivas labores domésticas, personales o escolares. Esos ojos que no son míos comienzan desde que despiertan se toman la ardua y desgastante tarea de señalar, criticar o atemorizarse, por qué no, el combo completo, no se diga más. Así que mi juicio se ve domésticado por todos los constructos sociales e individuales que me han rodeado durante mi existencia, que ya no siento hoy sea tan corta, en fin. Amanece y ya me siento rebasada ¿cómo? tampoco "debería" ¿ves? Y es que el sistema de comparación constante me es interminable. Es como nunca sentir satisfacción y ya no sé si eso sea una miserable depresión acosadora o lo "normal" para mi edad.
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