Los días son caras de distintas monedas. Supongo que son más de diez o cien factores para que un día pueda considerarse bueno o malo, desde el mundo del ego. Y aunque en el plano espiritual es neutro, pleno, lleno de paz, todo el santo día nos olvidamos de él. Me pasa seguido. Quiero estar tranquila, vivir la vida que mejor puedo vivir, con la versión más amorosa de mí reluciente, así buena vibra, de sonrisa y toda la cosa pero no siempre lo puedo lograr. Después me frustro. Así que, es probable que de ahí los "mounstruos de mi interior" se alimentan, y a lo grande, con todo el caos que vive en mi mente cuando no me siento productiva o suficiente. Tema del que muchos en esta tierra, somos expertísimos.
Desde que nace el día empiezan las calificaciones, que sí dormí bien o no, que sí soñé algo que me ha perturbado o no, o ni mi acuerdo, que sí mis familiares están ya en sus respectivas labores domésticas, personales o escolares y ni los buenos días me dieron. Puras tarugadas.
Esos ojos que no son míos comienzan con el circo desde que despiertan, se toman la ardua y desgastante tarea de señalar, criticar o atemorizarme, ¿por qué no', el combo completo, no se diga más. Así que mi juicio se ve domésticado por todos los constructos sociales e individuales que me han rodeado durante mi existencia, que ya no siento hoy sea tan corta, en fin. Amanece y ya me siento rebasada ¿cómo? tampoco "debería" ¿ves? Y es que el sistema de comparación constante parece interminable. Es una constante nunca sentir satisfacción y ya no sé si eso sea una miserable depresión acosadora o lo "normal" para mi edad, situación de vida, hormonas, duelos y un complejo etcétera.
Las herramientas para salir de este santo relajo son varias, para mí lo es últimamente salir, si es a la naturaleza mejor. Irme un rato de la ciudad. Abrazar los paisajes con la mirada, lo más que puedo, cómo si nunca los fuera a volver a ver. Mis días tienen sabor a nostalgia, a melancolía, a tristeza refinada. Así que despejar mis hábitos pude despejarme de esta locura.
También ayuda meditar, meditar y meditar. No es algo casual, sino profundo, entrar en ti, escucharte, sentirte, valorar lo posible, esquivar los golpes de crueldad. Permanecer. Abrazar todo de ti, con dulzura, paciencia. Ir a terapia también ayuda, terapia individual y además terapia de grupo, ambas. Una red de apoyo, alguien a quien apoyar. Amar, eso es lo que ayuda más. Los animales son excelentes para dejarse amar y dar amor, seres de luz con patas, orejas y colita son mis favoritos, gatos, perros y hasta una tortuga rondan mis días, gracias a Dios y gracias a él, que es el principal patrocinador de estas letras, de este pulso, de esta página que ya no está en blanco.
Nadia Arce
27 de septiembre 2026
P.D. La foto no es actual, pero me veo re bonita ¿Y qué?


