martes, octubre 27, 2026

Mis muertos no saben de olvido

Son varios, mis muertos, unos son terrenales otros no. La primera que recuerdo fue una niña, hermana de Álvaro, mi noviecito de un día en la primaria. Un camión la atropelló afuera de la tienda de la casa y el pesar se sintió en toda la escuela, nunca hablamos del tema, creo que el respeto a nuestro compañero era notable, ni siquiera supimos bien qué significaba morirse, mucho menos ser asesinada por un accidente a esa edad. Ya no recuerdo el nombre de la pequeñita... 
 
Después recuerdo a mi abuelito José, él era un señor muy lindo, usaba pantalón de vestir pero era distinto a los de hoy, sus camisas sencillas pero elegantes me gustaban mucho. Su forma calmada de ser, su entrañable cariño, su dedicación a mi madre y a mi abuelita Luz. No recuerdo mucho de él pero su corazón tuvo problemas, no resistió una operación. Caminaba conmigo, me llevaba de paseo en un carrito chiquito con figura de Mickey Mouse. Mi mami lloró mucho y yo lo seguí extrañando mucho tiempo. Luego mi abuelita Luz, su muerte fue lenta, dolorosa, tenía olor. La cuidé algunas veces, le daba de comer aunque casi no quería, no entiendo por qué tenía que morir tan despacito y el día que por fin lo hizo yo lo presentí y de eso, me sentí culpable. 

Después mi abuela Licha, luego mi abuelito Max. Ambos padres de mi padre, algo lejanos pero mi sangre. Conocí más a mi abuelo Max, poco recuerdo de la interacción con Lichita, estaba muy enojada por la familia nueva de mi abuelito, que era doctor, locutor de radio y creo que hasta caricaturista, vendedor de libros y alcoholico en recuperación. Sus nuevos hijos me siguen cayendo bien, de hecho su segunda esposa o mujer, no sé, también. Mi cariño para todos... también para Licha. 

Un pequeño de dos años, hijo de mi primo-tío Olaf, en una operación. Yo no quería predecir su muerte, lo estuve llorando días antes de saberlo, no pude hacer nada, no sabía que era verdad, ¿cómo podría yo haberles dicho algo a sus padres? ¿debía hacerlo? Nunca pude, tal vez de eso sí me arrepiento, no sé porque él ya tenía varios temas de salud, varios. 

Supe de varios bebés en mi familia que no pudieron nacer. No los olvido. 

También murió mi Tío Meño. Lo quise muchísimo, platicamos bárbaro, de todo, filosofaba, sus reflexiones y forma de pensar eran más que únicas, me apoyó muchísimo cuando mi padre falleció. También supe cuándo moriría, pocos me creyeron y no sé ni siquiera quiénes de la familia alcanzaron a despedirse. Nunca me arrepentiré de nuestra última charla, ya sin palabras, sólo eran sus oídos, sus lágrimas y un leve movimiento de sus pies, él nada más sabe lo que pude decirle, agradezco todo el aprendizaje a su lado. 

Mi padre fue uno de los duelos más largos. Mi primer hija apenas tenía siete meses de nacida. 

Emilio, otro compañero de la primaria falleció en mi adolescencia, no recuerdo de qué. En la preparatoria otro Álvaro, chocó en un túnel porque el conducto iba ebrio. Sus papás lo cuidaban, tenía apenas movilidad y sólo pudimos visitarlo una vez, fue muy incómodo. No pude ir al funeral. En la carrera una chica muy alegre, de cáncer. 

La muerte de una de mis más queridas maestras literarias, Luz Olivares me rompió un cacho de mi corazón. Era de menor edad que yo, aprendí mucho de ella, disfruté mucho platicando de poesía, de la vida, de la familia, del amor. Fue una increíble maestra, jamás se irá de mi recuerdo, jamás. Me sorprendió volver a presentir que algo pasaba y aquel jueves quedamos de vernos el lunes pero ella ya estaba dentro de una caja de madera. Fue complejo aquel duelo poético. En su homenaje, yo no podía contenerme. Fue a lado de Miguel, que también murió después. Otro gran amigo.

Mireya murió por el COVID, muchos otros a su lado. No me enteré hasta que quise felicitarla por su cumpleaños, ella de Puerto Vallarta, Jalisco. Mariana, de cáncer, era mi traductora en la editorial, gran ser humano, de mi edad o más chica que yo, dejó familia. 

Mi querido escritor Óscar se fue hace poco, antes que mi hermana Montsy, después que Dinia mi mejor amiga. También se fue Carlitos, igual que el buen Óscar, al que intené hacerle un homenaje. ambos de Zamora, Michoacán. 

La señora Armida que fue asesinada, tan linda, amiga de mi madre, fiel a su religión, amiga de tanto tiempo ¿por qué la mataron? ya hace años de eso y todavía no lo sé, lo único de lo que estoy segura es que fue injusto, muy injusto. Ella vivía sola pero era amada por muchos. ¿Quién la mató? ¿por qué?

Diego, el mejor amigo de uno de mis mejores ex. Hasta bailé con él, fuimos a las luchas, conocí su casa, su cuarto de música, su colección de arte, fotográfo, baterista, cineasta. 

El profe del ITESO, el "negro", era locutor de radio en la Universidad de Guadalajara. Creo que se lo llevó el mugroso dengue, del que yo misma me he salvado tres veces. He estado a punto de morir más de cinco. 

De Dinia Vitiza, de mi hermanita y de mi padre, después escribiré más... no puedo evitar sentir todavía, son muchos duelos, a veces los que más pesan son esos muertos en vida, que me dejaron de hablar o esos, con los que ya no tengo comunicación, parecen muertos, su vida, duró poco dentro de la mía. 

Y aquí estoy yo, escribiendo de ellos, no tengo ni 50 años y mis muertos más de una decena... ellos sé que no se olvidan de mí. 





CONTINUARÁ...


viernes, octubre 23, 2026

Si fueran mis últimos días

 Que no lo creo. La verdad que no haría nada especial, para empezar ¿cómo puedes estar seguro de que vas a estirar la pata, colgar los tenis, entregar el equipo, dejar el cuerpo, ir a la luz, o simplemente morirte en este plano? Ni los médicos pueden tener un augurio seguro, pronóstico inminente o decreto inamovible. No, no son Dioses. Digo, si llegas a urgencias ya morado y con media cabeza colgando pues no hay de otra, sería evidente, pero después de conocer tantas ciencias y no ciencias que estudian la salud, ya no veo yo destino final sin prórroga, nada está tallado en acero con rayos láser del mismo Superman. Sin embargo, a veces siento que sí, que podrían ser mis últimos día, no tengo idea de cuántos sean, no sé con exactitud mi estado de cuenta karmático así que por hoy me resta admirar a mis gatitos, en especial a mis gathijas. Prefiero estar en casa, sola, acompañada, enojada o contenta pero en el que llamo: hogar. Me encanta ir al parque pero una resistencia absurda me somete a perdérmelo muy seguido, quiero ir más días seguimos a mi escuela de espiritualidad, que yo llamaría de consciencia pero incluso ellos se pusieron otro nombre. Quiero, deseo, anhelo viajar con mis hijas todas, las humanas y las que no lo son, ojalá lo logremos antes de que llegue la hora chinguanguanchona y me pongan a jalar "patas". 

     El otro día le pregunté a mi hija mayor que cómo le gustaría que me comunicara con ella y se enojó. Y es que estuve viendo un documental, -mi género preferido- sobre la muerte claro está. (Nótese que no había mencionado la palabra). Es un docu muy chido, de cómo los seres humanos enfrentamos el duelo, cómo nos aferramos a nuestros seres fallecidos, los que amábamos por supuesto, porque los que no, pues qué tiene que ardan en el mismísimo caldero del mayor diablo existente, la verdad. Así que bueno, me dio curiosidad eso de la comunicación con el "más allá" porque no quiero unirlas a mi club de calavera por el susto, más bien quiero que sientan bonito, que si el colibrí, que si la catarina, que si los gatitos, que si una estrella fugaz, que sí la marea con uminiscencia, ya me puse exquisita verdad? en fin, me quedé sin la respuesta así que me le voy a aparecer en los espejos por la noche, justo cuando vaya al baño y toda modorra se vea en el reflejo y en su lugar esté yo exactamente como mismísima zombie jajajajaja no es cierto. 





viernes, octubre 02, 2026

A LAS MUJERES QUE FUI

Cañón del Sumidero, Chiapas

He sido muchas, muchas personas, muchas mujeres, tan sólo en esta vida. Fui una pretenciosa en mi juventud, en alguna etapa donde florecí y me di cuenta de lo mucho que gustaba a los demás, aprendí de mi arrogancia perdiendo a una de las personas que más y mejor supo amarme. También fui una niña confundida cuando vi a mis hermanos sufrir en todas sus circunstancias de no salud, me convertí en la enfermera más amorosa que pude, nunca fue suficiente, ellos seguían una y otra vez bailando con la muerte. Fui una enamorada a cada vuelta de esquina y tal vez lo sigo siendo, mis primos me apodaron: "Monógama serial". Fui esa mujercita temerosa de verse ya mayor, pero también la que se descubrió hermosa cuando le dedicaban poemas de manera anónima en la secundaria. Una mujer tan soñadora como triste, tan triste como ocurrente y aventurera, tan aventurera y dulce como apagada y meláncolica. Igual y soy todas, somos todas. No hay momento en el que deje de cambiar ¿por qué habría de hacerlo?

    Gracias a Dios, al cielo, a todos los santos, seres de luz, rituales, terapias, oraciones y batallas, sigo cambiando. No quiero ser la misma de ninguna edad, ni la misma que voy a ser mañana, mucho menos la misma de antier, de anoche, de hace un mes, un año, diez o de esta madrugada. ¿Sueno a canción verdad? Pues ni modo. Así soy. 

     Hoy no le quiero caer bien a nadie que a mí no me caiga bien. Ahorita mismo amo con locura apasionada a mis gatos, a mi perrito, a mis hijas, a mi Tintero, a mi madre, a mi hermana recién fallecida, a mi ITESO, a todas las flores, campos y mares, árboles y cielos, nubes, montañas, caminos, carreteras... amo cada grano de sal, cada marea suave o tormentosa, cada hoja que nace o que cae del árbol, cada mirada honesta, de colores, si es azul, gris, verde, negra, café o roja. Amo el color de los ojos ambar de mis dos blanquitos gatunos. El color de universo de mi bella Ophelia con su mirada de galaxia, es mi pequeña y mágica gatita. La mirada de mis hijas al amar a nuestros animalitos, incluyendo a la tortuga. La mirada del gran Josho, los ojos enormes de amor de nuestro perrito Tino. El paso a veces lento y otros alocado de Casiopea, nuestra tortuga.

     Amo escribir. Leer. Ser paciente. Cautelosa, sabia. Siempre he amado ser quién soy. Amo mis errores también, vivir con disautonomia, con buenos amigos, y muy malos amigos. Amo darme cuenta de la hipocresía, amo gritar mis límites si es necesario, no me voy a cansar. 

CONTINUARÁ...

lunes, septiembre 28, 2026

Mi hermana falleció hace poco

Soñé con mi hermana recién fallecida. Hablaba con ella y le decía que la extrañaba, de repente había otra igualita, sin enfermedad que me decía que seguiría siempre conmigo y que podíamos platicar cada que yo quisiera… yo asentía.


Montsy, le decíamos de cariño. No hay otra manera de nombrarla, Montserrat es un nombre muy bello, en ella lucía como brillo natural. Nació enferma, pero no me gusta pensar en eso de la enfermedad, el síndrome que tenía, de Rett, no es tan importante, creo, no tanto como lo que me enseña todavía. 


Mucho tiempo me senté a su lado, antes de dormir, en nuestro cuarto y le preguntaba muchísimas cosas, le pedía por favor que me respondiera algo, una palabra, y yo tan inmadura en mi infancia hasta lloraba pensando que ella no quería hablar conmigo. Y sí que lo hacía, su lenguaje en los ojos fue íntimo, amoroso, tan lleno de luz, y yo que apenas lo estaba aprendiendo no entendía todo, por mi corta edad y por el mundo, que exige tanto y es tan absurdo. 


Mi hermana no le pedía al mundo una casa lujosa, ni platillos costosos o ropa fina. Tampoco entendía de las reglas que nos someten, eso de ir a estudiar los que otros piensan que debemos aprender, nunca fue competidora, gracias a Dios, de ninguna calificación y cuando creció tampoco buscaba vestirse como mujer de pasarela, ni aspiró ningún momento a reina de belleza en ningún lado. 


En aquella edad, yo creía que ella era la que desentonada, la rara, la que no encajaba en ningún lado, la que siempre era juzgada, junto con su familia claro. ¿Quién va a comprender algo que nunca ha vivido? los grados de entendimiento humanos, los reales no vienen en ningún curriculum, son cosa del alma. 


Sus virtudes, innumerables, como sus carcajadas, sus aplausos hasta en misa cuando se debía permanecer en silencio, sus ademanes, gritos incluso y palabras desarticuladas fueron esa escuela que ahora entiendo. Nada era normal, sino maravilloso. 


¿Quién se asombra tanto cuando ve la espuma del mar llegar a la orilla?

¿Quién ama tanto la vida para gritar de gusto al ver su manifestación sencilla, la más simple como para aplaudir con esa alegría? La sonrisa más inmensa, de verdad. 

¿Quién es tan noble que su grado de empatía es sanador con apenas mirarte?

¿Quién te abraza al grado de aplastarte sin medición alguna?


Mi hermana. 


Ya agonizando, a su lado, me sentaba para tomar su mano, ella no dejaba de acariciarla, despacito, con unos cuantos dedos, sin presión pero sí con el agradecimiento de un ser especial, de una persona encarnada aquí en un cuerpo disfuncional que emanaba la más bella luz, paciencia infinita, calidez fuera de este plano. 


Esa comprensión divina tuya, mi Montsy, precioso angelito, tanta alegría te daba casi todo, mirabas como si contemplaras a un ser igual al tuyo, ahora entiendo que lograbas ver más allá de lo común, que tu rutina era un ritual de agradecimiento a la vida, que jamás paraste de ser considerada. Todavía recuerdo que a pesar de tu dolor y de tus llagas, de las escaras que destilaban tu carne con lentitud y pobredumbre, nunca te quejaste de las curaciones torpes que te hacíamos, de nuestros retorcijones al verte mal, de nuestro llando inmundo por tu dolor, del cual nunca maldijiste nada. No fuiste humana, sólo utilizaste un cuerpo para venir a darnos cátedra, no nos llevamos nada al dejar el cuerpo, nada, más que el amor que cosechamos, te llevaste grandes frutos, tantos, como paraíso completo, que demostrarte tener en vida terrenal, como muestra de tu infinitud... 


Gracias preciosa Luz Alicia Montserrat Arce Mejía por seguirme asistiendo, no es fácil seguir aquí. 


Te sigo amando, cada día más bonita. 


Me falta hacer ese video con tus fotos, me lo pidió mi mamá. Tenía miedo de hacerlo...


Nadia Arce

28 de septiembre 2026







miércoles, septiembre 23, 2026

HERRAMIENTAS

Los días son caras de distintas monedas. Supongo que son más de diez o cien factores para que un día pueda considerarse bueno o malo, desde el mundo del ego. Y aunque en el plano espiritual es neutro, pleno, lleno de paz, todo el santo día nos olvidamos de él. Me pasa seguido. Quiero estar tranquila, vivir la vida que mejor puedo vivir, con la versión más amorosa de mí reluciente, así buena vibra, de sonrisa y toda la cosa pero no siempre lo puedo lograr. Después me frustro. Así que, es probable que de ahí los "mounstruos de mi interior" se alimentan, y a lo grande, con todo el caos que vive en mi mente cuando no me siento productiva o suficiente. Tema del que muchos en esta tierra, somos expertísimos. 

     Desde que nace el día empiezan las calificaciones, que sí dormí bien o no, que sí soñé algo que me ha perturbado o no, o ni mi acuerdo, que sí mis familiares están ya en sus respectivas labores domésticas, personales o escolares y ni los buenos días me dieron. Puras tarugadas. 

     Esos ojos que no son míos comienzan con el circo desde que despiertan, se toman la ardua y desgastante tarea de señalar, criticar o atemorizarme, ¿por qué no', el combo completo, no se diga más. Así que mi juicio se ve domésticado por todos los constructos sociales e individuales que me han rodeado durante mi existencia, que ya no siento hoy sea tan corta, en fin. Amanece y ya me siento rebasada ¿cómo? tampoco "debería" ¿ves? Y es que el sistema de comparación constante parece interminable. Es una constante nunca sentir satisfacción y ya no sé si eso sea una miserable depresión acosadora o lo "normal" para mi edad, situación de vida, hormonas, duelos y un complejo etcétera.

    Las herramientas para salir de este santo relajo son varias, para mí lo es últimamente salir, si es a la naturaleza mejor. Irme un rato de la ciudad. Abrazar los paisajes con la mirada, lo más que puedo, cómo si nunca los fuera a volver a ver. Mis días tienen sabor a nostalgia, a melancolía, a tristeza refinada. Así que despejar mis hábitos pude despejarme de esta locura. 

     También ayuda meditar, meditar y meditar. No es algo casual, sino profundo, entrar en ti, escucharte, sentirte, valorar lo posible, esquivar los golpes de crueldad. Permanecer. Abrazar todo de ti, con dulzura, paciencia. Ir a terapia también ayuda, terapia individual y además terapia de grupo, ambas. Una red de apoyo, alguien a quien apoyar. Amar, eso es lo que ayuda más. Los animales son excelentes para dejarse amar y dar amor, seres de luz con patas, orejas y colita son mis favoritos, gatos, perros y hasta una tortuga rondan mis días, gracias a Dios y gracias a él, que es el principal patrocinador de estas letras, de este pulso, de esta página que ya no está en blanco. 


Nadia Arce 

27 de septiembre 2026


P.D. La foto no es actual, pero me veo re bonita ¿Y qué?

      

     

    

viernes, septiembre 18, 2026

¿PACIENCIA INFINITA?

No sé el método. Ni dónde se encuentra la fuente. Busco por todos los recónditos y recovecos de mi mente, de mi espíritu, pero aún no se me revela por completo el maravilloso mapa. Nada más sé que existe y ya. Así que la paciencia que me queda trato de reproducirla, de amasarla, complacerla, todo lo que dicte mi creatividad para que se extienda más...
 

     Paciencia con el mundo, con el país, con la ciudad. Conmigo. 

martes, septiembre 08, 2026

SOÑAR

Hace tiempo redacté en otra más de mis agonías físicas poemas, poemas y más poemas, como acostumbo. Resaulta que tenía COVID, dicen, que de la cepa Celta, ni ganas de ponerle mayúscula pero bueno, una editora no puede plasmar todo lo que siente, ve y recuerda, en apenas unas líneas. 

     Ese COVID casi me mata, no era sólo la parte física que fue una catástrofe, fue la mentalidad, me cambió. Parece que junto al bicho terrenal, venía insertado, como plus, un maldito aditivo extra que me hacía tener los pensamientos más aberrantes de muerto, como nunca los había tenido. Ante esa aparente depresión, me di a la tarea de escribir esos poemas. Cada uno llevaba como encabezado una palabra amada por mí. Quería recordar que esa que sentía y procesaba pensamientos ajenos al amor, no era yo. Me fui rescatando, de a poco, cada día o cada semana era un poema distinto, no recuerdo con cuál palabra inicié, pero reunió 25, o más, de ahí nació mi libro Barco de palabras, para soportar naufragios (o pandemias). Superé esa crisis, cómo pude, sobre todo escribiendo, escribiendo como hoy. 

     "Soñar" fue uno de los poemas que más gustaron, a mí, a los lectores y a mis pocos e invisibles fans, supongo. Y hace unos días me sentía hecha polvo, pedazos de mí, otra vez sombra. Así que saqué este blog del recuerdo para sanarme de nuevo. La narrativa me invade y quiero, de verdad quiero volver a soñar... 

     Soñé, literal, con un ex novio. Tan lindo que era, estábamos en la prepa cuando nos enamoramos, primero él de mí, pero yo tenía novio. Así que se dio a la tarea de pretenderme durante largo, largo tiempo (para él). Su mejor táctica era acompañarnos, a mis amigos y a mí, a los eventos de -porras-, concurso en el cual por lo regular yo participaba. Sí, yo daba marometas, brincos, giros y una coreografía extensa, que abarcaba movimientos no tan complejos, sí sincronizados. Así que en una de esas tardeadas, él platicó con mi papá, le dijo que estaba pues algo loco por mí, no se pudo encontrar mejor chaperon, pues a mi papá creo que no le encantaba mi novio pianista, mayor que yo varios años, que no era tan agraciado, según dicen. A pesar de mi hermoso noviazgo logró conquistarme con otra estrategia aún más cañona, me entregó los cuadernos, sí, cuadernos que me había escrito. Era una especia de diario donde yo era la protagonista, el objeto de deseo, vaya, su musa. 

     Todo aquello pues ya está más que olvidado por él, me parece, porque ahora ni mi amigo se ha dignado a ser. Tuvimos un precioso amor, único. Una vez escribió en casi todas las bancas de mi salón lo mucho que le gustaba, que me quería incluso, el castigo por la institución educativa fue pintarlas. Así que en esta cabecita sigue vigente. Asumo que yo me porté mal al final, que me cansé de sus celos o de su control excesivo. Yo quería vivir así que pensé -muy erróneamente- que me encontraría con un novio mejor. Nunca fue así. 

     Son pocos los novios que recuerdo con especial cariño, sí, he tenido varios, fui una enamorada constante, una: monógama serial, como decía mi primo mayor. Termino que acuñé durante muchos años hasta casarme. Ahí pues conocí el más grande amor que jamás he podido sentir, el amor de madre. Me divorcié hace... ¿trece años? creo que sí. Actualmente llevo unos dos años soltera, estoy rompiendo record. Si no me equivoco, después de mi fugaz noviazgo de la infancia con Cristobal Ernesto T. B. luego estuve muy muy entusiasmada con dos chicos de la secundaria, uno nunca me hizo caso, pero su mejor amigo en secreto sí. Su nombre: Hans E. T. A. ¡qué memoria! creo que de los más dulces recuerdo sus nombres completos... él me dejaba poemas en mi mesabanco, escritos por su hermano mayor en manoescrita (muy guapo él, así no lo detectaría, además mi pretendiente tenía una letra tan terrible que lo hubiera reconocido fácilmente. 

    En fin, esos amores de ensueño terminaron una vez que me divorcié. Parece que comencé a pagar todo mi mal karma, iniciando por mi elección matrimonial. Mala, muy mala elección por la cuestión de pareja, sin embargo, supimos darnos a las mejores hijas que podrímos haber tenido. Mi D&D, las hijas que llevan las mismas letras de mi nombre. 

     Por ellas, sobre todo por mí, por mis gatitos, perrito y tortuga quiero recuperarme. Mi sangre me reclama y no he sabido escuchar su llanto imperceptible dentro de mi cuerpo. Llevo así ya años y ni siquiera lo sabía. Debo sanar, quiero sanar, sueño con sanar. ¿Será probable que las heridas, no literales, de mi corazón, dañaron la sangre que lo circunda? ¿Será que todos estos males externos, ocultos a la vista, son sólo reflejo de los que apenas y vivo en la memoria?


Nadia Arce

8 de septiembre 2026


P.D. Les dejo una foto de mi gato Josho, nomás porque está re guapo el cabrón.