He sido muchas, muchas personas, muchas mujeres, tan sólo en esta vida. Fui una pretenciosa en mi juventud, en alguna etapa donde florecí y me di cuenta de lo mucho que gustaba a los demás, aprendí de mi arrogancia perdiendo a una de las personas que más y mejor supo amarme. También fui una niña confundida cuando vi a mis hermanos sufrir en todas sus circunstancias de no salud, me convertí en la enfermera más amorosa que pude, nunca fue suficiente, ellos seguían una y otra vez bailando con la muerte. Fui una enamorada a cada vuelta de esquina y tal vez lo sigo siendo, mis primos me apodaron: "Monógama serial". Fui esa mujercita temerosa de verse ya mayor, pero también la que se descubrió hermosa cuando le dedicaban poemas de manera anónima en la secundaria. Una mujer tan soñadora como triste, tan triste como ocurrente y aventurera, tan aventurera y dulce como apagada y meláncolica. Igual y soy todas, somos todas. No hay momento en el que deje de cambiar ¿por qué habría de hacerlo?
Gracias a Dios, al cielo, a todos los santos, seres de luz, rituales, terapias, oraciones y batallas, sigo cambiando. No quiero ser la misma de ninguna edad, ni la misma que voy a ser mañana, mucho menos la misma de antier, de anoche, de hace un mes, un año, diez o de esta madrugada. ¿Sueno a canción verdad? Pues ni modo. Así soy.
Hoy no le quiero caer bien a nadie que a mí no me caiga bien. Ahorita mismo amo con locura apasionada a mis gatos, a mi perrito, a mis hijas, a mi Tintero, a mi madre, a mi hermana recién fallecida, a mi ITESO, a todas las flores, campos y mares, árboles y cielos, nubes, montañas, caminos, carreteras... amo cada grano de sal, cada marea suave o tormentosa, cada hoja que nace o que cae del árbol, cada mirada honesta, de colores, si es azul, gris, verde, negra, café o roja. Amo el color de los ojos ambar de mis dos blanquitos gatunos. El color de universo de mi bella Ophelia con su mirada de galaxia, es mi pequeña y mágica gatita. La mirada de mis hijas al amar a nuestros animalitos, incluyendo a la tortuga. La mirada del gran Josho, los ojos enormes de amor de nuestro perrito Tino. El paso a veces lento y otros alocado de Casiopea, nuestra tortuga.
Amo escribir. Leer. Ser paciente. Cautelosa, sabia. Siempre he amado ser quién soy. Amo mis errores también, vivir con disautonomia, con buenos amigos, y muy malos amigos. Amo darme cuenta de la hipocresía, amo gritar mis límites si es necesario, no me voy a cansar.
CONTINUARÁ...
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