lunes, agosto 31, 2026

DINAMITA

Me vi, sin querer verme. Me atrevo a retomar las palabras que ya no tienen voz, no sé ni para qué, ni para quién. Solo sé que aquí me veo releyendo la escriptofobia, que me fue contagiada en secreto y que en esta casi madrugada me propongo vencer. No quiero ser la cobarde que nunca he sido. Me detesto en silencio, soy una silueta que se desdibuja y hoy me someto al duro juicio de enterarme que se ha desmoronado mi pared. Soy polvo. Sin sanación alguna, sin remedio aparente, con las manos hechas nudos. Enfurecida. Triste. Muy, muy triste. Tan fina como el olvido, volátil e incómoda. 

    Nada más el recuerdo sabe de mi extrañamiento. Lo gris del vacío. La puerta que se quedó resonando al ser estampada en el relámpago de una despedida absurda, al menos para mí. Después de tanto, se cayó la expectativa, rota, bien me di cuenta que había que darle un cierre honorable que nunca llegó… habito y ya.

     Venimos a este plano a sufrir, a entender que ya no quiero nombrar melodías en una barca tan áspera, tan endeble, a la deriva. Me siento tan muda que no puedo callar mis dedos, aquí, con los sonidos de una noche más, atestada de sordera que cuelga de estos ojos, evitando que los cierre y pueda volver a soñar. Ya no quiero volver a soñar. Odio la idea de volver a ser una duermevela, una luz apagándose, el sol desapareciendo en el agua horizontal…

     Inician las explosiones. Hay que tirarlo todo, llenar la miserable suavidad de astillas, ya nadie mece mi cuerpo, nada lo apaga, hay incendios propagándose. Soy ahora una extensa y perturbada: dinamita. 


31 de agosto 2026 

Nadia Arce


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